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lunes, 2 de septiembre de 2013

El efecto del cítrico según David Wile

La primera reacción de un niño ante un sabor puede resultar de lo más variado según el alimento que esté tomando, como ya han recogido proyectos como los de Saatchi & Saatchi.
Pero la variedad también está presente dentro de un mismo sabor. Así lo demuestra pucker. (cuya traducción es similar a puchero) el proyecto del fotógrafo David Wile, quien ha fotografiado a varios niños y bebés probando un limón por primera vez.

Tal y como él mismo comenta: 
"Los limones pueden ser una fuente de entretenimiento. Especialmente cuando se le da a un niño la oportunidad de probarlos por primera vez"

Efectivamente, como el nombre del proyecto indica, en la mayoría de las fotografías aparecen pucheros de todo tipo: desde el de sufrimiento al de extrañeza.


Pero no todas las reacciones fueron desagradables:


El ácido parece que no está limitado por edades.

Sin duda, el proyecto de David Wile es otra forma de crear fotografía 'gastronómica'. Todas las fotografías de pucker. se encuentran en este enlace.

sábado, 8 de junio de 2013

Paco Roncero Taller: sinestesia gastronómica

La gastronómica es una experiencia en la que todos los sentidos están implicados. El conjunto cromático oteado antes de coger el cubierto, los aromas que se elevan desde el plato, los sabores detectados en cada nuevo bocado, las texturas percibidas en la cavidad bucal, el sonido de los alimentos al ser mordidos. Una experiencia sensorial que si bien puede ser trastocada de forma negativa por los factores externos, también puede ser sublimada hasta casi la sinestesia.

En Paco Roncero Taller toman esta idea para convertir la cocina y el acto de comer en una experiencia multisensorial.
 
Interior del Casino de Madrid/Paco Roncero/Paco Roncero Taller
El taller, de reciente creación, se sitúa dentro del Casino de Madrid, en un espacio de estilo futurista, en contraste con la decoración recargada del edificio. La sala es aséptica y sin más artificios que una mesa, con sus correspondientes sillas. En ella, las diferentes proyecciones de vídeos, los juegos de luces así como el hilo musical, junto con el festival gastronómico servido, alteran y transforman el espacio, creando un viaje sensorial para los comensales sin que éstos se muevan de su asiento.

La parte del menú estrictamente culinaria se compone de una cata de aceites, gracias a una oleoteca compuesta por más de 200 aceites diferentes, diversos aperitivos, los platos principales y el postre, sin olvidar los vinos que entre vianda y vianda se sirven. A él, se suman toda una serie de sensaciones externas para trastocar la percepción del manjar que se ingiere.

Los comensales entran desde el primer minuto en un universo de estímulos. La música, las luces y las pantallas laterales, así como la mesa (que sirve como lugar de proyección) inician la comida simulando una tormenta. Pero no sólo es un experiencia audiovisual, ya que al instante comienza a modificarse la temperatura de la estancia, además de comenzar percibir al característico aroma de la tierra mojada. 
Experiencia dentro de Paco Roncer Taller
A partir de entonces, los artificios con los que cuenta la sala irán aclimatando la estancia para imprimir diferentes sensaciones con cada plato servido: desde la tranquilidad de la playa; al ambiente mediterráneo de un pinar para comer una paella, en el que se recrea incluso el olor de las brasas donde se ha cocinado; la angustia de la estética de la escena de un crimen en el que se cocina una liebre para ser ‘devorada’ instantes después, mientras se ve su imagen en vivo reflejado en la mesa; o la felicidad colorida de un taller de pintura para degustar el postre. 
Una puesta en escena que varía cada tres meses, con la participación de diseñadores y artistas como Pep Torres o Devota&Lomba, cocineros así como profesionales del mundo audiovisual.

Todo este despliegue de  medios (y sentidos) para una comida exclusiva de ocho personas, junto con la compañía de Paco Roncero, quien guiará la velada. Aunque tal vez lo más exclusivo no sea el número de comensales o el anfitrión, sino el precio, en torno a los 1.800€ por comensal. Una experiencia multisensorial para la que tal vez, sea necesario algo más que los cinco sentidos.

jueves, 23 de mayo de 2013

Entrenamiento gustativo

Dicen que los bebés reaccionan igual ante los cinco sabores básicos (dulce, salado, ácido, amargo y umami). Pero lo que es innegable es que el reconocimiento y aceptación, tanto de los sabores como de los aromas, conlleva un largo entrenamiento.
Enfrentarse a nuevas experiencias gastronómicas hace que nuestra paleta de opciones se amplíe, aceptando e identificando nuevos alimentos a medida que pasan los años. Es un proceso de aprendizaje progresivo, que variará en función del tesón, la curiosidad, la apertura de paladar, cultura y zona geográfica en la que se encuentre cada persona. Para gustos los colores, se suele decir, pero, si bien las circunstancias de cada uno marcan la paleta de posibilidades gastronómicas, sin que la biología determine hasta dónde llegarán nuestras miras, todo proceso tiene su punto de partida más o menos común.
En el vídeo de esta entrada, realizado por Saatchi & Saatchi, se observa a cámara lenta la reacción de niños pequeños catando por primera vez alimentos como el limón, la cebolla en vinagre, las aceitunas, las anchoas o el yogur, entre otros. La velocidad del montaje permite apreciar de forma pormenorizada el proceso desde que se prueba el alimento hasta que termina la reacción. Éstas, esperadas aunque no por ello menos llamativas, son de lo más variado: desde la duda que transmite la niña que prueba una aceituna, debatiéndose entre el sí o el no, más por la presencia de la cámara que por las dudas sobre sus percepciones ante este nuevo sabor; la explosión de alegría ante un yogur; el relamido de labios al degustar una naranja; la fuerza con la que se aprietan los labios tras rozar una cucharada de Vegemite (una crema de sabor salado elaborado a partir del extracto de levadura de cerveza); o la decepción casi traducida en llanto al probar la cebolla en vinagre.
Reacciones más o menos predecibles cuando es la primera vez que se prueban este tipo de alimentos. Aunque lo realmente interesante sería volver a grabar a estos niños dentro de 10 o 20 años, cuando se hayan enfrentado más veces a dichos sabores y su experiencia gastronómica haya aumentado. Quizá algunos directamente rechacen el alimento o se lancen con ferviente entusiasmo a por él. Sea de una forma u otra, la cámara lenta desvelará esas expresiones que en el día a día se escapan, expresando de forma eficiente, con una tira de imágenes, lo que por escrito supondría párrafos interminables.




Vídeo realizado por Saatchi & Saatchi, Sydney para TEDxSydney 2013.